Crónicas de una Teacher – Chapter 4: “Cuenta Conmigo”

Aunque no lo parezca, la vida de una teacher puede ser súper adrenalínica. Desde luego que la mayoría de mis clases están debidamente agendadas, pero de vez en cuando surge una que otra “emergencia”, y esta semana en particular estuvo plagada de ellas.

Lunes por la mañana me llama una de mis alumnas que, con algo de urgencia me dice, “Teacher, sé que lo practicamos durante toda la semana pasada, pero hoy es mi examen oral y siento que se me olvidó todo. ¿Usted podría practicar conmigo las preguntas una vez más?”. Noto el tono de angustia y preocupación en su voz, y en un suspiro le respondo “Claro que sí, cuenta conmigo”.

Mi alumna tiene 15 años y estudia conmigo desde hace dos. Cuando un colegio bilingüe se instaló en su barrio, sus padres no lo dudaron dos veces y la matricularon de inmediato. Lo que no evaluaron en ese momento era el tremendo impacto que este cambio tendría en el desempeño escolar de su hija. Ella, que siempre se había destacado como buena alumna, hoy luchaba contra una barrera que poco tenía que ver con su capacidad para aprender las diferentes asignaturas. No es lo mismo estudiar matemática y geografía en tu idioma nativo, que hacerlo en otro idioma que no dominas del todo. Las dos horas semanales de inglés que tenía en su antiguo colegio no la habían preparado para tamaña hazaña. Fue así que iniciamos nuestro programa de estudios: mi misión ha sido apoyarla durante la transición para que pudiera “ponerse al día” con el nivel de inglés exigido por el colegio. Los avances que ha tenido en estos dos últimos años son impresionantes, sin embargo esa pequeña vocecita de auto-sabotaje a veces la traiciona. Y es ahí cuando aparezco yo, la teacher…AL RESCATE!

Le tomé las preguntas una vez más, sabiendo que esto no tenía que ver con su conocimiento de inglés, sino con su nivel de autoconfianza. Ahí estaba yo para tomarla de la manito y ayudarla a calmarse un poco. Como era de esperarse, respondió todo perfectamente y entonces le dije: “No practiquemos más. Estás más que lista…ahora sólo respira, bebe un poco de agua, y relájate.” Ella me miró un tanto sonrojada, pero agradecida.  Nos despedimos y al día siguiente recibí un mensajito por teléfono: “Teacher, ¡nos fue súper bien! ¡Nos sacamos un siete! 😁”. Yo me sonreí y le respondí inmediatamente: “¡Excelente! Eso sí, una corrección: TE fue excelente, TE sacaste un siete. Te felicito! 👏👏👏

Un par de días después me contacta otro alumno, con quien comenzamos hace poco. Me cuenta que le adelantaron la entrevista para la que se ha estado preparando, que ha llegado el momento. Nervioso me pregunta si podría ayudarle a revisar unos textos que preparó como “torpedo” para responder a las típicas preguntas. “Desde luego, ¡cuenta conmigo!” –le respondo. “Pero ¿podría ser ahora mismo?” –me pregunta con incredulidad. Miro mi agenda, son las once de la mañana, horario que normalmente ocupo para hacer mi rutina de ejercicios. “Sí, démosle no más” –hemos practicado mucho como para tirarlo todo por la borda ahora. Reviso mi correo y ahí está: cinco párrafos bien redactados, con uno que otro chamuyo, ideas traducidas literalmente del español al inglés. Hago los ajustes y se lo devuelvo. ¿Quieres que te grabe un audio para que practiques la pronunciación? –le propongo. Él acepta de inmediato, encantado. Horas más tarde me escribe: “Gracias por toda la ayuda. Me fue súper bien en la entrevista”.

Y yo me siento dichosa, feliz de poder ayudar a mis alumnos a cumplir sus sueños: a ella, que sueña con ser la mejor alumna de su generación, y a él, que sueña con iniciar una carrera en los Estados Unidos. Y ellos también están felices de saber que siempre pueden  contar conmigo.

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